Desde no mucho tome determinaciones en mi vida,
determinaciones importantes para salvaguardar mi integridad mental y sobre todo
la emocional, determinaciones que me llevaron a endurecerme por fuera y
gradualmente ir haciéndolo por dentro, determinaciones que me hicieron sonreír
exteriormente, aunque en mi intimidad llorase a lágrima viva, determinaciones
que me hicieron ser fuerte y trazarme un
claro y muy especifico camino y al mas mínimo índice de sentir, de ese maldito
y jodido sentir, como lo llamé entonces, recordaba mi pasado mis errores y
nuevamente estaba en la vía tomando y formulando cada vez más complejas
determinaciones para resguardarme de esos huracanes, tormentas y vendavales que
a sus anchas se aprovechan de tu ser.
Pero las determinaciones no sirven de nada cuando se
encuentra a la persona indicada, que sin saberlo inunda tu vida, no como un
desastre natural, sino más bien como una bella y dulce melodía acompañada con una
tenue y transparente luz clara, llegando sin saber cómo a tomarte de los
hombros, sacudirte y besarte el alma.
Determinaciones, ¿para qué?, si en tanto más te rehúses a
sentir ese cansancio amargo que produce inmovilidad del pensamiento, más
susceptible y vulnerable estas para sentirlo todo, aunque siempre se nos ha
dicho que al enamorarnos bajamos la guardia y nos exponemos como un blanco
fácil, no es así, enamorarnos, o al menos el proceso de enamoramiento, nos hace
fuertes y tan revitalizados que podemos ser capaces no de hacerlo todo, pero sí
de intentarlo.

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